ARCHIVO MIGUEL BAKUNIN

Recopilación de documentos de Bakunin en español.

Segunda Carta a Richard.

Posted by archivero en enero 11, 2008

  1° de abril de 1870. Ginebra

  Querido amigo. Todavía estoy aquí  y sigo esperando a diario la llegada del pariente que tú sabes para ir a su encuentro.

  En la Internacional de Ginebra, domina la reacción -la fábrica(1) ha triunfado en toda la línea durante mi ausencia y nadie ha podido detener este triunfo- L´Egalité se ha convertido en un periódico reaccionario. Este es su programa: cooperación y política local del radicalismo burgués. Desde ahora, la Internacional de Ginebra sólo servirá de trampolín para que los Perret y los Grosselin asciendan al poder. El padre Becker, a quien ya le ha vencido la edad, se ha puesto a remolque de la reacción -y también ha tomado el partido de la política local- .

  Pero el alma de la intriga en esta conspiración reaccionaria es una especie de compatriota mío, el pequeño ruso Outine, el mismo que viste en Basilea. Es un ambicioso de la peor especie. Celoso de la fama que me había ganado, ha aprovechado mi ausencia para calumniarme del modo más infame, divulgando los rumores más absurdos, las insinuaciones más sucias contra mí. No es muy inteligente, es incapaz de formular el menor pensamiento, pero no carece de cierta habilidad intrigante, es adulador, insinuante e infatigable en la intriga. Primero cortejó a Perron; ahora ni siquiera le saluda. Es amigo de Perret, de Grosselin, de Duplex, de Crosset -de toda la sucia calaña reaccionaria- cuya ayuda utiliza para ascender. Gracias a ellos va a ser enviado como delegado de tres secciones al Congreso de la Suiza francesa que se iniciará el 4 de abril en la Chaux-de-Fonds, y además ha sido nombrado delegado para la comisión reaccionaria de L´Égalité.

  Este Congreso será muy importante para el porvenir de la Internacional en la Suiza francesa. Habrá una dura polémica. La lucha principal se librará acerca de la cuestión de la abstención o de la participación de los obreros en la política local. Todos nosotros, las secciones de las Montañas, estamos a favor de la abstención. Los obreros propiamente ginebrinos, la fábrica, a favor de la participación, En este momento, Outine es su representante, su líder.

  Está casi decidido que o nuestros amigos de la Montaña triunfan, y entonces el Consejo federal y la Redacción de L´Egalité serán transferidos a ellos, o bien, si nuestros amigos sucumben, las secciones de las Montañas y con ellas las de Lausana, Vevey, Neuchatel, Bienne, se separarán de Ginebra para formar una Federación aparte. A su vez, la fábrica de Ginebra ha declarado rotundamente que si el Congreso rechaza la participación en la política local, se separará de las secciones de las Montañas. Outine es el redactor del proyecto ginebrino y será su principal defensor. Si Ginebra triunfa y mantiene L´Egalité, Outine será su redactor.

  Seguramente lo aprovechará para relacionarse con el socialismo francés. Querido amigo, te pido pues, enérgicamente, imperiosamente, en nombre de nuestra intimidad, que prevengas a todos nuestros amigos de Francia, sobre todo a Mme D.T. Varlin, Mme D. Z. Bastélica, M.E.A. Aubry, M.D.U. Malon, sin olvidar a M.D.Z. Palix de esta sucia y reaccionaria intriga. Outine debe ser expulsado de nuestra intimidad como un ser maléfico, y los buenos, todos aquellos que están con nosotros, ya directamente ya indirectamente, deben guardarse de él como de la peste. Pues su intriga es insinuante, pérfida, disolvente. Advierte, pues, a todos quienes están bajo tu influencia o bajo la de nuestros amigos.

  Si nuestro partido sucumbe, la separación y la organización independiente de las secciones de las Montañas se llevará a cabo, y entonces nuestro órgano no será L´Egalité sino Le Progrés del Locle, que probablemente pasará a Neuchatel bajo la dirección de Guillaume. En este caso deberemos proteger a Le Progrés con nuestros artículos y procurándole todas las suscripciones que podamos.

  Además de su importancia local, la batalla que va a librarse en La Chaux-de-Fonds tendrá un inmenso interés universal. Será el anticipo precursor de la que tendremos que librar en el próximo Congreso General de la Internacional:

  ¿Queremos la gran política del socialismo universal o la pequeña política de los burgueses radicales revisada y corregida desde el punto de vista de los obreros burgueses?

  ¿Queremos la abolición de las patrias burguesas y de los Estados políticos o el advenimiento del Estado universal, socialista, único?

  ¿Queremos la completa emancipación de los trabajadores o solamente mejorar su suerte?

  ¿Queremos crear un mundo nuevo o arreglar el viejo?

  Estas son las preguntas que debemos estudiar y preparar para el próximo Congreso -vosotros, los de la sección lionesa, proponedlas a Londres- Los españoles, los belgas, los italianos, las secciones de las Montañas de Suiza y la mayoría de franceses, espero, estarán de nuestra parte. Y contra nosotros tendremos no los instintos obreros, sino las ambiciones y la vanidad de los jefes del partido de la Democracia Socialista, y por influencia de estos mismos jefes alemanes, judíos en gran parte, es decir, burgueses y explotadores por instinto, incluyendo entre ellos la escuela de Marx, también tendremos contra nosotros a los delegados ingleses y americanos.  

  Mantengamos firmes nuestras filas y preparémonos para el combate. Pues en ello va el triunfo de la Internacional y el de la Revolución.

  Liebknecht continúa portándose pérfidamente conmigo y en general con todos los revolucionarios rusos -Es cierto que ha vuelto a imprimir mi “Llamada a los jóvenes rusos” y la carta de Netchaev, pero al mismo tiempo ha publicado contra nosotros un artículo a la vez estupido e infame escrito por un tipo llamado Borkheim, un pequeño judío, que es un instrumento de Marx. Fíjate que todos nuestros enemigos, todos los que ladran contra nosotros, son judíos: Marx, Hess, Borkheim, Liebknecht, Jacobi, Weiss, Kohn, Outine y muchos otros pertenecen a esta nacionalidad bulliciosa, intrigante, explotadora y burguesa por tradición y por instinto. Marx, el más distinguido de ellos, posee una gran inteligencia; los demás no son más que vendedores al detalle de sus ideas. Marx ha prestado grandes servicios al socialismo. Pero es preciso admitir al mismo tiempo que tiene muy mal genio, un carácter detestable, vanidoso, irascible, celoso, susceptible, hipócrita, pérfido y capaz de las peores villanías, y que es un gran intrigante como, por otra parte, lo son todos los judíos.

  He comenzado a escribir una serie de cartas en respuesta a estos ladradores. Quiero acabar con ellos. La primera carta, ya terminada, se está traduciendo al alemán y será enviada al Volkstaat, periódico de la Democracia Social de los obreros alemanes, redactado por Liebknecht. Después procuraré que aparezca en francés en La Marseillaise y en Le Progrés del Locle. Te ruego que llames la atención a tus amigos acerca de estas cartas.

  ¿Has leído con detenimiento y has dejado leer a nuestros amigos toda la carta que te mandé por medio de Schwitzguebel, sobre todo la segunda parte, la conclusión? Me interesa mucho recibir una respuesta precisa a este respecto.

  Siempre me dices: “Estamos de acuerdo en lo principal”. Desgraciadamente, amigo mío, me temo mucho que hayan surgido entre nosotros una serie de diferencias. Según tus últimas cartas y las últimas noticias tuyas que me han llegado, debo pensar que sigues siendo más partidario que nunca de la centralización y del Estado revolucionario. En cambio, yo soy cada vez más adversario, y sólo veo salida en la anarquía revolucionaria, dirigida a todos los niveles por una fuerza colectiva invisible, la única dictadura que admito, porque sólo ella es compatible con la franqueza y con la plena energía del movimiento revolucionario.

  Tu plan revolucionario se puede resumir en estas palabras: Tan pronto como la revolución estalle en París -París organiza provisionalmente la comuna revolucionaria. Lyon, Marsella, Ruán y otras grandes ciudades se sublevan simultáneamente y envían a París sus delegados revolucionarios para formar conjuntamente una especie de Convención Nacional o Comité de Salvación Pública por toda Francia. Este Comité decreta la Revolución, decreta la abolición del viejo Estado, la liquidación social, la propiedad colectiva; organiza al Estado revolucionario con una fuerza suficiente para reprimir la reacción interior y exterior.

  ¿No es esta tu idea?

  Nuestra idea, nuestro plan, es muy distinto. En primer lugar, no está demostrado en absoluto que el movimiento revolucionario vaya a comenzar en París. No es totalmente imposible que se inicie en alguna provincia. Pero supongamos que, conforme a la tradición, sea París quien la inicie. Según nuestra convicción, París sólo puede adoptar una iniciativa negativa, francamente revolucionaria: la de la destrucción y la liquidación, no la de la organización. Si París se subleva y triunfa, tendrá el deber y el derecho de proclamar la completa liquidación del Estado político, jurídico, financiero y administrativo; la bancarrota pública y privada, la disolución de todos los poderes, de todos los servicios, de todas las funciones y de todas las fuerzas del Estado; el incendio o la fogata de todos los papeles y documentos públicos y privados. Naturalmente, París se apresurará a organizarse por sí misma, bien o mal, revolucionariamente, una vez los trabajadores reunidos en asociación, se hayan apoderado de todos los instrumentos de trabajo, de toda clase de capitales y de edificios. Armados y organizados por calles y por barrios, formarán la federación revolucionaria de todos los barrios, la Comuna federativa. Y esta comuna tendrá el derecho de a declarar que no se arroga el derecho de gobernar ni de organizar a Francia, sino que hace una llamada a todos los pueblos y comunas, tanto de Francia como de lo que hasta este momento se llamaba extranjero, para que sigan su ejemplo, para que hagan en sus respectivos lugares una revolución tan radical y tan destructiva para el Estado y para el derecho jurídico y la propiedad privada, como la suya. Y una vez hecha, que vengan a federarse con ella, ya sea en París o en lugar que prefieran, para que todas las comunas revolucionarias, francesas y extranjeras, envíen sus delegados y constituyan una organización conjunta de los servicios y de las relaciones de producción y de intercambio necesarias, para el establecimiento de la carta de la igualdad, base de toda libertad -carta que tendrá un carácter absolutamente negativo, y que se encargará mucho más de precisar lo que debe abolirse para siempre que las formas positivas de la vida local, que sólo pueden ser creadas por la práctica viva de cada localidad- y para organizar la defensa común contra los enemigos de la Revolución, y la propaganda, arma de la Revolución y de la solidaridad práctica revolucionaria con los amigos y contra los enemigos en todos los países.

  Las provincias, por lo menos los puntos principales, como Lyon, Marsella, Saint-Etinne, Ruán y otros, no deben esperar los decretos de París para sublevarse y organizarse revolucionariamente. Deben sublevarse simultáneamente con París y hacer lo mismo que debe hacer París, la revolución negativa y la primera organización por medio de un movimiento espontáneo, de manera que la asamblea revolucionaria federal de los delegados provinciales y de las comunas no tenga que organizar a Francia, sino que sea la expresión de una organización espontáneamente llevada a cabo en cada punto, y pienso en los puntos revolucionarios, no en aquellos en los que domina la reacción. En pocas palabras: la Revolución debe ser y permanecer independiente en todas partes de su centro, que debe ser la expresión, el conducto, y no la fuente, la dirección o la causa.

  Es preciso que la anarquía, la sublevación de todas las pasiones locales, el despertar de la vida espontánea a todos los niveles, sean fuertes para que la Revolución se mantenga viva, real, poderosa. Los revolucionarios políticos, los partidarios de la dictadura ostensible, una vez que la Revolución ha obtenido un primer triunfo, recomiendan el apaciguamiento de las pasiones, el orden, la confianza y la sumisión a los poderes revolucionarios establecidos; de esta manera, reconstruyen el Estado. Nosotros, por el contrario, debemos fomentar, despertar, desencadenar todas las pasiones -debemos de producir la anarquía- y, cual invisibles pilotos en medio de la tormenta popular, deberemos dirigirla, no mediante una u otra forma de poder ostensible, sino mediante la dictadura colectiva de todos los aliados, dictadura sin adornos, sin título, sin derecho oficial, y tanto más poderosa cuanto que no tendrá ninguna de las apariencias del poder. Esta es la única dictadura que admito. Pero para que pueda darse, es preciso prepararla y organizarla por anticipado; pues no va a formarse sola, ni mediante discusiones, exposiciones y debates de principios ni mediante asambleas populares.

  Pocos aliados, pero buenos, enérgicos, discretos, fieles, y sobre todo, libres de vanidad y ambiciones personales; hombres fuertes, lo suficientemente serios y con el alma y el espíritu lo suficientemente elevados para preferir la realidad de la fuerza a esas vanidosas apariencias. Si formáis esta dictadura colectiva e invisible, triunfaréis; la Revolución bien dirigida triunfará. Si no, no. Si os divierte jugar a los Comités de Salvación Pública y a la dictadura oficial, ostensible, seréis devorados por la reacción que habréis creado vosotros mismos.

  Querido amigo, admiro los instintos generosos y la vivaz inteligencia de los obreros franceses. Pero temo mucho su tendencia al efectismo, a las grandes escenas dramáticas, heroicas y ardientes. Muchos amigos nuestros -entre los que te cuentas tú- se preparan para desempeñar un importante papel en la próxima revolución, el de hombres de Estado de la revolución. Ya se ven como los Danton, los Robespierre y los Saint-Just del socialismo revolucionario, y preparan desde ahora los hermosos discursos y las proezas que asombrarán al mundo. Las masas populares se convertirán con toda naturalidad en un trampolín, en un pedestal para su ambición democrática, ¡para su gloria! Para salvarnos a todos, crearán su dictadura, su gobierno, su Estado. Ilusión ridícula y deplorable. Sólo conseguirán satisfacer su vanidad y servir a la reacción. Ellos mismos serán la reacción.

  Acuérdate bien de esto, amigo y hermano; el movimiento socialista actual, completamente opuesto en este aspecto al movimiento político que sólo tiende a la dominación y a la exaltación de los individuos, el movimiento de la emancipación popular no comporta el triunfo y la dictadura de los individuos. Si los individuos triunfan, ya no será la victoria del socialismo, sino de la política, asunto de burgueses, y el movimiento socialista morirá. Si no perece, serán los individuos vanidosos, ambiciosos y gloriosos, los dictadores en ciernes, quienes se llevarán un terrible chasco.

  Hay un solo poder, una sola dictadura cuya organización sea saludable y posible: la dictadura colectiva e invisible de los aliados, en nombre de nuestro principio, dictadura que será tanto más saludable y poderosa cuanto menos se revista de poder oficial y cuanto menos ostensible sea su carácter.

  Pero para formarla, se precisan hombres realmente fuertes, educados por su inteligencia y su corazón por encima de las ambiciones vulgares, con una ambición que les lleve a querer el triunfo de sus ideas y no el de sus personas, a preferir el poder real a las apariencias de la fuerza, y a comprender finalmente que nuestro siglo es el siglo de las fuerzas colectivas, y no el de las fuerzas individuales, y que la colectividad triturará a los individuos que quieran imponerse.

  Eres demasiado inteligente para no darte cuenta de todo esto. ¿Pero están tu corazón y tu carácter a la altura de tu inteligencia? Esta es la cuestión. ¿Quién vencerá: tu amor por la justicia y la igualdad o tu delirio por verte en una estampa histórica? ¿Tendrás suficiente fuerza para vencer este charlatanismo italiano que consideras como un medio excelente para magnetizar a las masas, esta manía de figurar y este afán de gloria que todavía hoy te atormentan?

  Como ves, te hablo con la sinceridad de un amigo y de un hermano que se cree en el deber de decirlo todo, porque siente en su corazón un intenso afecto por ti, y que, a pesar de estar convencido de que anida en ti una gran dosis de individualismo, confía en tu inteligencia y en tu corazón, mucho más grandes aún que tus defectos, y que, en una palabra, tiene confianza en tu amistad. Si después de leer esta carta, sigues siendo amigo mío, estaré muy contento de habértela escrito.

  Una cosa más para terminar. En una de tus cartas me dices que podría convertirme en el Garibaldi del movimiento social. Realmente, tienes una opinión de mí excesivamente favorable, querido amigo. Puedes estar seguro de que me conozco muy bien y de que no encuentro en mí ninguna de las cualidades ni de los defectos necesarios para ser un héroe; y por otra parte, lo que menos me preocupa en esta vida es hacerme un nombre histórico.

  ¿Sabes a qué se reduce mi ambición? Es muy grande, pero no apunta a la gloria ni a la fama:

  Quiero ayudaros a formar esta fuerza colectiva invisible, la única que podrá salvar y dirigir la revolución.

  Contéstame en seguida, te lo ruego, a la dirección de Perron.

Devotamente,

M.B. 

Nota.

1. Por la “fábrica” se entendía entonces en Suiza el conjunto de las industrias de joyeros y relojeros.

____________________

Digitalizado por: Daniel A. Larralde.

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