ARCHIVO MIGUEL BAKUNIN

Recopilación de documentos de Bakunin en español.

Protesta de la Alianza (continuación)*

Posted by archivero en marzo 24, 2008

1. Sin embargo, se nos ocurre una consideración muy consoladora para los trabajadores. No sólo son sus conocimientos necesariamente tan imperfectos, son los conocimientos mismos de los más grandes científicos del mundo moderno, en las ciencias naturales, que se suelen reconocer como insuficientes para servir de bases a la ciencia social. Un solo pensador contemporáneo, Augusto Comte, intentó fundar la ciencia social en estas bases. Pero esta presunta ciencia cuya creación atribuyen los discípulos de Augusto Comte a su maestro, al lado de unos esbozos ingeniosos, presenta tal amasijo de alucinaciones intelectuales y morales que no se comprende de verdad cómo unos hombres serios pueden haberla tomado en serio. Y cuando encontramos en los dos últimos volúmenes de su Filosofía Positiva editada y tan encomiada por el señor Littré, asertos como éste: Que el inmenso servicio que la civilización católica rindió a la humanidad, fue haber creado y separado al mismo tiempo los dos poderes supremos: el poder espiritual y el poder temporal y ambos poderes, que se transforman de acuerdo a las necesidades de los tiempos modernos, serán representados de ahora en adelante, el primero, por una organización jerárquica de los filósofos, científicos y artistas y el segundo, por una organización también jerárquica encabezada por los banqueros en primera fila, luego los negociantes y por fin los empresarios industriales. Mientras tanto la masa, feliz de ser mandada con tanto bien y habiendo renunciado a la costumbre de razonar y cuestionarlo todo, se inclina con respeto ante esta doble autoridad, cuanto más que es más que probable que por una ley fatal, la inmensa mayoría de los hombres será eternamente condenada a la situación precaria en la que se encuentra en la actualidad (1). Augusto Comte se declara abiertamente maltusiano, pero añade que esos millones de hombres, encadenados para siempre jamás a la miseria y a la esclavitud, se consolarán con facilidad cuando se sugiera que esta merma (2), por lo demás inevitable y bien considerada por ellos, es la condición imprescindible de los progresos de la Civilización. Cuando tamañas inepcias se leen, uno se asombra de que haya en París obreros que se digan “positivistas”. Pero si las ciencias naturales no han llegado todavía a este punto de desarrollo como para servir de base a la ciencia social, ¿acaso se puede concluir que la ciencia social no existe aún? Pues sí, más o menos. Sin embargo hay que hacer una salvedad.

2. Hace unos 23 o 24 años, una nueva escuela socialista alemana se formó, fundando la nueva ciencia social, no en una muy imperfecta enciclopedia de las ciencias naturales, como intentó Augusto Comte, ni en una síntesis ideal surgidas del cerebro de algunos pensadores simpatizantes del proletariado, como las doctrinas de Saint Simon, de Fourier, Cabet y Pierre Leroux, ni siquiera en un concepto metafísico y jurídico, apoyado en una poderosa crítica tanto de los economistas como de los socialistas modernos, como en las obras de Proudhon, sino en el estudio profundo de la historia desde el enfoque de los desarrollos económicos de la sociedad así como de la situación actual de la sociedad. Es a Carlos Marx a quien corresponde incontestablemente el honor de haber enunciado el primero esta verdad tan profunda y tan decisiva en relación con el espíritu que de ahora en adelante se deberá dar al estudio de la historia de la civilización humana. Desde siempre y por doquier, las religiones, los prejuicios, las ideas, las costumbres, las instituciones tanto jurídicas como políticas, los vínculos sociales de los individuos y pueblos, la guerra como la paz, las alianzas como las luchas, todo cuanto por fin constituye el mundo moral de la historia, nunca fue sino el reflejo, la equivalente expresión de las situaciones económicas diferentes en las que la sociedad humana se halló sucesivamente.

3. Ya los filósofos de los siglos XVII y XVIII sobre todo habían osado expresar el pensamiento de que en el mundo social, era el interés el que dominaba y producía inclusive los sentimientos y las ideas. Al atreverse a este pensamiento que chocó y sigue chocando aún a muchas almas sensibles, más enamorada de la retórica que de la verdad, sólo cometieron un solo error: individualistas ellos mismos, de la cabeza a los pies, como verdaderos pensadores burgueses que eran, casi siempre tenían la vista en los únicos intereses individuales, los intereses aislados, separados de los individuos. Y estos filósofos les dieron un poder que no tienen: el de producir o sólo modificar de un modo en parte serio los sentimientos y las ideas colectivas de un siglo. Habrían tenido toda la razón de haber hablado de los intereses no individuales, sino colectivos tanto de las clases como de las masas.

4. La ley histórica enunciada por Carlos Marx, fue constatada por la ley natural descubierta más tarde de Darwin, que explica todo el desarrollo de las especias vivientes en la naturaleza por la lucha por la vida, o sea por lo que en la sociedad humana se llama la cuestión económica.

Marx no se detuvo además en esta pura y simple enunciación de este gran principio histórico. En cierto número de publicaciones, que nos hacen esperar y desear la publicación de una gran obra sobre la historia, anunciada desde hace mucho tiempo, se esforzó por demostrar que existe en las diferentes fases del desarrollo económico de la humana sociedad, una necesidad fatal, una lógica inherente a los hechos mismos. Y pasando la humanidad sucesivamente de la antropofagia a la esclavitud y de la esclavitud a la servidumbre, llegó, mediante la gran revolución francesa, a esta última forma de supeditación y explotación que se denomina el asalariado, o al reino absoluto del Capital monopolizado entre las manos de una oligarquía burguesa. En fin, en su gran obra sobre el capital, cuyo primer volumen únicamente se publicó, ha demostrado con una lógica irresistible (que se impone por sí misma desde una masa de hechos irrecusables, de leyes económicas), que por otra parte habían constatado con más o menos franqueza y claridad algunos eminentes economistas burgueses, antes de él. Dichas leyes, para no hablar más que de las principales, son: 1) Mientras siga la organización económica de la sociedad actual, o sea mientras los capitales, o las materias primas y los instrumentos de trabajo, necesarios a la producción, permanezcan monopolizados entre las manos de aquella oligarquía burguesa; y mientras los proletarios, obligados por el hambre y en competencia fatal entre sí mismos para escapar al hambre, vendan su trabajo, el verdadero, el único productor, como una mercancía, al precio más bajo, (determinado siempre más o menos por el precio de lo que es absolutamente necesario para no dejarse morir de inanición su fuerza productiva), el aumento de la miseria y de los sufrimientos del proletariado siempre serán una razón directa del incremento de las riquezas o de lo que llaman el desarrollo de los intereses materiales y la prosperidad económica de las naciones.

2) Cuando más crezca dicha prosperidad más las riquezas o los capitales se monopolizarán entre un número siempre menos considerable de oligarcas burgueses; lo que tendrá y ya tiene como consecuencia necesaria rechazar la mediana burguesía dentro de la pequeña y esta pequeña burguesía dentro del proletariado.

3) Este estado de cosas deplorable y cuya duración amenaza con hundir al género humano en una nueva barbarie, sólo tendrá un fin cuando los capitales, las materias primas, los instrumentos de trabajo necesarios a la producción, incluida sin duda la tierra, cesen de ser apropiado por unos individuos, convirtiéndose en propiedad colectiva.

5. Estas son verdades probadas científicamente. Por tanto, existe una ciencia social; existe por lo menos la parte negativa: la crítica razonada y científica de las evoluciones económicas del pasado y de la situación económica en el presente. Esta ciencia no es en efecto sino la economía política burguesa, fundada en el estudio de la estadística y de la historia, pero liberada por el cuidado de los economistas socialistas del carácter ridículo y absoluto, que los doctrinarios de la escuela burguesa le habían querido dar, por obvias razones. Los economistas burgueses expusieron a la perfección las relaciones económicas tales como se vienen desarrollando en la sociedad actual, pero interesándose sumamente en la conservación de dichas relaciones inicuas. Intentaron probar que eran las consecuencias inevitables de las leyes fundamentales y naturales de la humana sociedad, y por consiguiente, eran tan invariables y absolutas como esas leyes. Los economistas socialistas al contrario, si bien reconocen la necesidad evidente de esas relaciones en la organización económica actual de la sociedad, demostraron que esta organización no era absoluta, sino sólo histórica, transitoriamente necesaria, y que su duración que no sería sino la condena de la humanidad a la barbarie, a la muerte, hasta era imposible. En una palabra, convirtieron la economía social, a la que los burgueses pretenden todavía dar un carácter absoluto, en una ciencia experimental, relativa, histórica, y le hicieron decir su última palabra, que es la liquidación de la organización económica e instituciones políticas actuales.

6. Un reproche se les puede hacer al señor Marx y a sus discípulos. Es dedicarle una importancia demasiado secundaria al lado intelectual y moral: religioso, filosófico, político y jurídico en los desarrollos históricos de la sociedad. Vimos una prueba de ello en el Congreso de Basilea durante los debates sobre la abolición del derecho de herencia. El señor Eccarius, discípulo ferviente de Marx, creyó que el Congreso no necesitaba pronunciarse sobre esta cuestión: “Una vez realizada la propiedad colectiva, dijo, el derecho de herencia caerá por sí mismo. Y en general, añadió aún, todas las cosas intelectuales y morales, religión, política y derechos jurídicos no son las causas, sino sólo los efectos de la situación económica.” Sin duda, primero sólo son efectos, pero lo que la escuela de Marx parece olvidar o incluso desconocer, es que estos efectos se convierten de inmediato en causas históricas a su vez. Para convencerse de ello, no tenemos más que considerar bien lo que sucede en derredor nuestro. Acabamos de ver, por ejemplo, que una gran parte de la burguesía, la mediana y sobre todo la pequeña burguesía está tan amenazada en su existencia como el proletariado por el desarrollo de la prosperidad económica actual. ¿Por qué no se suma al proletariado? ¿Qué la mantiene entre los rangos de la reacción? ¿Será el interés? De ninguna manera, son los prejuicios políticos y jurídicos y la vanidad burguesa que se enraizaron en estos prejuicios. Otro ejemplo, los campesinos en casi todos los países de Europa: revolucionarios por interés y postura, resultan reaccionarios a causa de la potencia de sus prejuicios religiosos. Por fin tenemos incluso el ejemplo de una gran parte del proletariado que se deja aún demasiadas veces llevar de sus prejuicios políticos, jurídicos y hasta a veces religiosos, por vías que son completamente opuestas a su objetivo: la emancipación del trabajo y de los trabajadores.

Es un punto sin embargo, en que Marx y su Escuela parecen hacer una excepción a su regla; es la cuestión política, lo que precisamente no deberían hacer. Incitaron a sus amigos de Alemania a hacer esta declaración tan singular en la boca de los socialistas revolucionarios: “Que la conquista de los derechos políticos era la condición previa y necesaria de la emancipación económica.” Pero esta herejía sólo es una consecuencia de su principal herejía: el Estado comunista, el Estado del pueblo. Bastante hablamos ya de ello, no vamos a volver más sobre este asunto.

7. Es evidente que los principios expuestos en los considerandos de los estatutos generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores no pudieron ser formulados sino por esta escuela. Y en efecto, se sabe que Marx los redactó, Marx el principal fundador de la Internacional.

Esta inmensa Asociación no se fundó sin lucha. Entre tantos otros competidores y opositores, el ilustre jefe de los comunistas alemanes tuvo que combatir al gran patriota italiano, gran sacerdote del idealismo revolucionario, el insigne Mazzini. Se sabe que en 1863, cuando los obreros franceses, ingleses, belgas y alemanes reunidos en Londres para protestar contre la política bárbara seguida por el Gobierno ruso en Polonia, decidieron el principio de fundar una Asociación Internacional de Trabajadores, dos programas fueron propuestos para su aceptación. Uno, redactado por Mazzini, que contenía naturalmente todas las grandes palabras de sus escritos: Dios y el pueblo; conciliación de lo dos principios de la autoridad y de la libertad; nueva religión fundada en la fe en un Dios que se manifiesta constantemente en el progreso humano; casamiento de la verdad tradicional con las nuevas verdades anunciadas por los hombres de genio y aceptadas como tales por la conciencia universal. La Religión del sacrificio y del deber y el Gobierno de los hombres de genio virtuosos, – Gobierno autoritario y popular al mismo tiempo. Alianza Republicana de los Pueblos con Roma, la ciudad predestinada como capital; la iniciativa y la dirección suprema de la Italia regenerada de acuerdo a estos nuevos principios, con el espíritu de esta nueva religión, sustituyéndose en el mundo a la iniciativa y la dirección demasiado revolucionaria de Francia. Centralización de los grandes Estados nacionales, luego su Federación. Guerra a muerte al socialismo ateo, materialista y revolucionario – siendo la felicidad y la igualdad material que se promete a las masas sólo una ironía, una ilusión decepcionante, y no pudiendo ni debiendo el proletariado esperar la mejoría de su situación económica, sino de la reforma religiosa y política de los Estados (3).

Tal fue el programa de Mazzini. Fue el último suspiro del idealismo moribundo. Hoy en día el incorregible anciano está maldiciendo la Comuna de París, y su voz, antaño tan poderosa en Europa, ni siquiera se escucha en Italia.

8. El programa redactado por Marx fue todo lo contrario: Tomando por base la exposición y la crítica de la situación económica de Inglaterra, como país en que la producción capitalista moderna ha alcanzado su más alto grado de desarrollo, y constatado que el incremento de la miseria del proletariado era una consecuencia inevitable de tal desarrollo, llega y se concentra del todo en este principio fundamental de la Asociación Internacional de los Trabajadores:

Que la supeditación económica del trabajador al acaparador de las materias primas y de los instrumentos del trabajo, es la fuente de la servidumbre en todas las formas: miseria social, degradación mental (fe religiosa), sumisión política (existencia de los Estados). Y por esta razón, la emancipación económica de las clases obreras es el gran objetivo hacia el que todo movimiento político debe ser subordinado como medio.”

No se podía definir mejor y más francamente, como ambos programas lo habían hecho, esos dos principios opuestos: el del idealismo religioso, metafísico, político; y el del materialismo ateo, económico, socialista. El programa de Mazzini fue descartado, el de Marx aceptado, y es así como se fundó la Internacional.

9. Tuvo por base y por inspiración intelectual la ciencia social que deriva del estudio histórico y crítico de los hechos económicos. ¿Es esta ciencia accesible al proletariado, en el estado de ignorancia en que está en la actualidad? Sin duda sí, y más que cualquier otro. Esta ciencia, al igual que todas las otras ciencias positivas se funda en la experiencia, un exacto conocimiento y el análisis de los hechos. ¿Pero no son precisamente los hechos que le sirven de objeto: la situación, la miseria, los sufrimientos del proletariado? De modo que un obrero sólo necesita considerar bien y profundizar su situación propia, comprobar los efectos y las causas, que se renuevan cada vez para él, que no le pueden escapar al final para convertirse en un economista perfecto, mucho más auténtico y serio que un montón de economistas burgueses muy célebres. Pero estos estudian esta ciencia con los sufrimientos ajenos, y todo su interés consiste en atenuar su importancia.

10. Para colocarla en pleno centro de la ciencia económica y social, el obrero sólo tiene pues que hacer una única cosa: que sea un objeto de reflexión constante su propia suerte, tanto en relación de la dureza y duración de su propio trabajo, salario, precio de las cosas necesarias a su mantenimiento y al de su familia, como sus ganancias y ocios, y su trabajo que proporciona al patrón que le emplea. Que compare luego su posición con la de sus compañeros de taller, luego con la de los obreros de su oficio en la misma localidad, después con la de la misma profesión en los países extranjeros; por fin con la de obreros de otros oficios en todos los países. Caminando con este paso por esta vía muy experimental, comparando los hechos y deduciendo de ellos las consecuencias generales, llegará por sí mismo al conocimiento perfecto de principios que constituyen la base de la ciencia social.

Es únicamente por esta vía y no por haber oído clases de economía política, como muchos obreros ingleses pudieron adquirir conocimientos tan justos, tan amplios y a la vez tan detallados en economía social, que las comisiones de encuesta, (que el parlamento inglés suele crear en las grandes crisis, para comprobar la situación de una industria en dificultad), fueron a menudo sorprendidas al oír a simples obreros que les daban no sólo las indicaciones más precisas sobre esta situación, sino además sobre las causas generales que la produjeron.

En general, no se puede aconsejar bastante a los obreros el estudio de la ciencia económica, que, lo repetimos otra vez, es precisamente la que les es más accesible, y sin comenzar este estudio por la lectura de libros de economía, cuya terminología más o menos abstracta podría asustarles. ¡No! Que la empiecen con el modo muy experimental que acabamos de indicar, primero dándose cuenta exactamente de su propia situación y de sus propias relaciones tanto económicas como sociales, luego extendiendo sus investigaciones a las relaciones y a la situación de los obreros de un único oficio y más tarde de todos.

11. Nada es más favorable a este estudio que la organización de las secciones de oficio. ¿Qué es su objeto? Es la lucha en común para conseguir de los patrones de su oficio las condiciones más favorables tanto desde el punto de vista del salario como de las horas de trabajo. Es una lucha muy determinada, cuyas condiciones no pueden fijarse sino por el conocimiento exacto de todos los hechos económicos que tienen relación con los desarrollos, la prosperidad o la decadencia de tal industria primero en la localidad y luego por necesidad en muchos otros países que están compitiendo con la producción de la localidad. Al debatir así su propio problema, sus intereses más vivos, más caros y entre otros el de su pan de cada día, los obreros están obligados de discutir al mismo tiempo los principios más abstractos de la ciencia social. Cómo será, cuando, siguiendo la impulsión dada en Bélgica, por un grupo de jóvenes socialistas revolucionarios tan inteligentes como entregados, los obreros o antes las secciones de oficio se entiendan entre sí para constituir en cada país una cámara de trabajo, donde los delegados de cada sección o de cada oficio, traerán sus cuadernos de trabajo, discutirán “todas las cuestiones que se tratan en los parlamentos políticos burgueses,” ¡Desde el punto de vista de los trabajadores en general, como de los trabajadores de cada industria, considerada en particular!

12. Este estudio muy práctico, muy viviente de la ciencia social empezado y proseguido con constancia por los mismos obreros, tanto en sus secciones respectivas de oficio como en sus cámaras de trabajo llevará necesariamente y ya lleva en gran parte a producir en ellos esta convicción unánime y perfectamente reflexionada, demostrable tanto en la teoría como en la práctica, que la emancipación seria, definitiva, completa de los trabajadores no es posible más que con una única condición, y ésta es la apropiación de los capitales, es decir las materias primas y de todos los instrumentos de trabajo, incluida la tierra, por la colectividad obrera.

13. Insistimos en la necesidad de esos estudios a la vez prácticos y teóricos para cualquier miembro de la Internacional, primero porque constituyen, propiamente y en sí, el objetivo principal, el interés diario, la gran tarea de cada sección de oficio, que tiene como meta inmediata salvar los intereses económicos, tanto como la libertad y la dignidad de sus miembros. Luego, porque tenemos la convicción de que la ciencia o la conciencia económica, considerada primero desde el punto de vista más limitado como abarcando sólo los intereses colectivos de todos los miembros de una sección o de todos los obreros del mismo oficio en la misma localidad, luego extendiéndose consecutivamente, no por la vía de la abstracción, de la aniquilación de sí mismo o de fusión imposible, sino por la vía de la federación, primero de las secciones operarias del mismo oficio en todo el mundo civilizado, y después de las secciones obreras de todos los oficios, tanto en la localidad como en los países extranjeros, para llegar de este modo, por el análisis severo de todas las situaciones obreras y de las causas económicas de que son los efectos, a constatar y a formular tanto las necesidades y los intereses de cada cuerpo de oficio considerados en particular, a abarcar y a formular las condiciones generales de emancipación para todos los trabajadores del mundo. Estamos convencidos que ella y esta consciencia colectiva deben constituir ya la base material, la única base de todas las aspiraciones, determinaciones y acciones obreras para cualquier tipo de ideas o de hechos. La cuestión económica considerada en esta extensión, abarcando tanto todas las condiciones del trabajo como las del justo reparto de los productos del trabajo, es el terreno real que el obrero nunca debe abandonar. En cuanto lo abandone, se pierde en las abstracciones metafísicas, jurídicas, políticas, teológicas. Y desorientado, siempre queda privado de sus dos fieles conductores, su sensatez y la consciencia o el instinto de sus intereses reales. Se vuelve a encontrar siempre, con gran sorpresa, el esclavo y el explotado de los burgueses. En cambio permaneciendo en el terreno económico, el obrero será todopoderoso. Ninguna voz de sirena oída desde el mundo burgués podría mover su consciencia real, su buen sentido, y ningún sofisma podría prevalecer sobre esa sencilla pregunta: ” ¿Van a cambiar nuestra condición económica, igualarla a la de las clases privilegiadas las hermosas cosas que ustedes nos están proponiendo? ¿Quieren ustedes trabajar como trabajamos, y compartir todos los goces como todos los derechos de la vida, de acuerdo a la justicia, también con nosotros? De lo contrario, váyanse a paseo. ¿Quieren ustedes que el Capital deje de oprimirnos y explotarnos, es decir quieren ustedes que dejando de ser una propiedad individual se convierta en propiedad colectiva de las asociaciones operarias federadas? De lo contrario, váyanse a paseo. No vamos a abandonar, para dejarnos otra vez despistar por ustedes, esta única cuestión donde vemos con claridad, este único terreno que es el nuestro. Abandonándolo nos convertiremos una vez más en sus tontos, sus instrumentos, sus esclavos.”

14. La organización de las secciones de oficio, su federación en la Asociación Internacional y su representación por Cámaras laborales, no sólo crean una gran Academia donde todos los trabajadores de la Internacional, reuniendo la práctica con la teoría, pueden y deben estudiar la ciencia económica, sino que aportan los gérmenes vivientes del nuevo orden social que tiene que reemplazar al mundo burgués. Están creando el porvenir no sólo de las ideas, sino los mismos hechos del porvenir. [15] Lo que poseemos actualmente de la ciencia social, es únicamente la parte negativa, no pudiendo inventarse a priori la parte positiva. Debe ser creada primero, precedido por los hechos, por la creación espontánea de nuevos hechos económicos. La ciencia social tomada en su acepción positiva, es la ciencia del porvenir, es decir la ciencia de lo que no existe aún, pero que debe ser. Pero para ser positiva y seria, toda ciencia necesita fundarse en el conocimiento exacto de los hechos, por no ser en sí nada más que la reproducción ideal del encadenamiento real de hechos que constituyen su objeto. Por lo tanto, la ciencia social positiva no puede existir todavía. Sólo podrá constituirse después de la revolución social.

15. En cambio, como lo acabamos de ver, la parte negativa de esta ciencia existe en su plenitud. Nada esencial le falta. Esta parte sólo es en efecto la crítica no subjetiva, sino objetiva del pasado y del presente económico de la sociedad; no subjetiva, o sea no una crítica arbitraria presentada caprichosa o dogmáticamente por tal o tal otro individuo fantasioso o doctrinario, sino objetiva en el sentido que se desprende de la propia evolución de los hechos económicos en la historia. Siendo la historia únicamente una negación o una transformación perpetua del pasado, toda negación está siempre determinada por la naturaleza misma de la cosa que ella niega, lo que hace que cada negación llega a una transformación. Esta negación o esta transformación, esta crítica constante que los hechos reales ejercen siempre sobre sí mismos a medida que se desarrollan más, es el movimiento, es la vida misma de la historia.

16. Ahora bien, gracias a las obras considerables de los economistas burgueses más serio de nuestro siglo, entre los primeros de los cuales hay que poner sin lugar a dudas a Ricardo, y que osaron desmentir los principios sin tener la valentía de sacar de ello todas las consecuencias, y gracias a las obras aún más importantes de los socialistas modernos, acabando con el muy doctrinario Saint Simon y el muy científico Marx, toda la parte negativa de la ciencia social, puede decirse, resulta terminada. La prueba es que su crítica formidable que costó primero penas increíbles a esos ingeniosos creadores de esta parte de la ciencia, ha alcanzado tal grado de sencillez, y de evidencia sensible, que hoy en día penetra, mediante el trabajo colectivo de los obreros internacionales, en la conciencia y en la convicción reflexiva de la masa operaria. Todos llegaron o están llegando por sí mismos a esa conclusión unánime, última palabra de la parte negativa de la ciencia, que la propiedad individual debe transformarse en propiedad colectiva.

17. Es la base o el nuevo punto de partida ya inquebrantable de la conciencia colectiva del mundo obrero. Pero una vez dada esta base, surge la cuestión: ¿Cómo se va a organizar el nuevo mundo social sobre esta base?

La solución satisfactoria de esta cuestión constituiría la parte positiva de la ciencia social. Pero ya lo dijimos, esta solución a no ser que sea una teoría o un ensueño fantasioso, una adivinación instintiva más o menos plausible, es hoy por hoy imposible. A partir del momento en que hemos dejado el ámbito de la fe – y debemos dejarlo si no queremos quedar eternamente tontos y esclavos -, no nos queda sino el de la ciencia. Pero la ciencia de lo que no es aún resulta imposible.

Sin embargo tenemos un hilo conductor que puede conducirnos por lo menos hasta el umbral del mundo del futuro e incluso hacernos ver un poco más allá de las puertas de bronce que nos separan de él. Este hilo es el desarrollo de los hechos actuales tanto económicos como políticos.

18. Los hechos del porvenir nunca son una aplicación pura y directa de las ideas elaboradas en el presente, como lo piensan hoy incluso todos los pensadores idealistas o doctrinarios. Ya lo hemos dicho, las ideas abstractas y puras no tienen el poder de engendrar hechos. Sólo son los hechos los que engendran los hechos, y el pensamiento reflexivo de los individuos, las ideas que nacen y se propagan en la humana sociedad, sólo participan en esta creación como son en sí la expresión ideal de transformaciones reales que ocurren en los hechos. Las ideas son las señales, los síntomas, pero no las causas del cambio que se hace, o para hablar más exactamente, en la sociedad humana, en este mundo humano, donde el pensamiento, reflejo y reproducción de todos los hechos que suceden alrededor, se convierte él mismo en agente de desarrollo o de transformación progresiva de los hechos. Las ideas son efectivamente unas de las causas, pero no la causa única, ni siquiera principal de los hechos por venir; lo que explica porqué ninguna teoría, tanto religiosa como metafísica – siempre absoluta en su pretensión -, jamás pudo realizarse del todo en la historia. Porque el mundo real, en sus transformaciones más decisivas y más atrevidas, sólo aceptó lo que era conforme a su propio movimiento y a las necesidades que le eran realmente inherentes. Necesidades determinadas siempre principalmente, en medio del alboroto en apariencia anárquico de acciones y contracciones que ejercían incesantemente los individuos y los grupos humanos unos sobre otros, por una tendencia común, que sólo un muy pequeño número de hombres seguía con más o menos conocimientos, pero que la masa tanto aristocrática como popular seguía a ciegas, imaginándose, casi siempre perseguir una cosa muy distinta. Eso imprimía a cada época su carácter y por así decir su meta particular, y no siendo nunca, por lo demás, esa tendencia, ese carácter, esa meta, el principio y la causa, sino sólo el resultado de esa acción y de esa reacción incesantes de todas las realidades sociales; de pueblos, grupos, clases, individuos, intereses diferentes de naciones y clases, instituciones económicas, políticas, jurídicas y religiosas de la época.

19. Así no se puede decir que la doctrina cristiana haya destruido la civilización antigua, el mundo romano. Es al contrario la destrucción de este mundo, producida por causas que le eran absolutamente inherentes, que produjo el triunfo del cristianismo. Y cuando hablamos de este triunfo, no hay que imaginar que toda esa doctrina o incluso que la más grande parte de esos dogmas tanto religioso como morales hayan podido nunca transplantarse en el mundo histórico o real. La religión cristiana, como se sabe, es demasiado contraria a la naturaleza social del hombre, es demasiado absurda desde el punto de vista de la inteligencia y demasiado monstruosa desde la moral humana, como para que su plena realización sea posible un día. La Edad Media aceptó tan sólo del cristianismo lo que se conformaba a su naturaleza y lo había fraguado de acuerdo a su imagen. El protestantismo hizo precisamente lo mismo. Por mucho que enunciara la ridícula pretensión de restablecer en su pureza una Iglesia primitiva que nunca existió. Pero en realidad creó todo un sistema de doctrinas cristianas nuevas conformándose instintiva, fatalmente, a las nuevas necesidades económicas y políticas de su época. De modo que el cristianismo puro, el cristianismo del Evangelio, pese a la gran desesperación de los creyentes sinceros, no se realizó nunca.

20. Aleccionados por estos ejemplos, y por muchos otros aún, ilustrados además por el movimiento filosófico de nuestro siglo que desenmascaró perfectamente la inanidad y la impotencia ridícula de todas las teorías y doctrinas absolutas, no hemos de buscar pues el secreto del porvenir en el sistema teórico de ideas socialistas banales. Mejor dicho sólo hemos de tener en cuenta aquellas ideas en tanto que corresponden al movimiento o a las transformaciones de los hechos sociales actuales, que son por así decir los símbolos, los síntomas, la expresión más o menos fiel. Y es sobre todo en los hechos nuevos que están naciendo y formándose bajo nuestros ojos donde debemos buscar los gérmenes de la realidad por venir.

Debemos esforzarnos por agarrar el carácter general de estos hechos nuevos: ¿cuál es? Dado que por el mismo objeto de nuestras búsquedas, debemos limitarnos, por las razones que expusimos más arriba, a apreciaciones más negativas que positivas, el mejor método que se nos ofrece para determinar este carácter general de la transformación de los hechos actuales, es el método de la eliminación.

21. Así vemos que el mundo religioso se pierde en lo absurdo, en la incredulidad general y la hipocresía inconsciente o consciente de todos los representantes actuales; que el mundo jurídico se petrifica en su propia iniquidad convertida ya en evidencia para todo el mundo; y que el mundo político que es el gendarme del uno y del otro, ratificado por uno y otro, se muere de impotencia y de estupidez, no teniendo ya otro medio para sostener su existencia decrépita más que la brutalidad y el crimen. Vemos los tres mundos antes tan gloriosos, tan místicamente grandiosos, tan divinos, despojados de sus banderas y reducidos al papel de fieros guardianes de la explotación económica del trabajo de las masas esclavizadas, a favor de las clases poseedoras y privilegiadas.

No sólo nosotros, los socialistas revolucionarios lo venimos diciendo, los mismos representantes de la religión, de la justicia y de la política lo dicen en voz alta y tan claramente que hay que ser sordo y estúpido para no oírles y comprenderles. Su decaimiento final está proclamado por ellos mismos.

No somos nosotros quienes los eliminamos, es la religión, es la justicia jurídica y es la política las que se condenan confesando su profunda caída, se están eliminando por sí solas.

22. Lo mismo sucede con todos los cuerpos privilegiados, pilares y explotadores históricos del Estado. El clero, tras haber dominado el mundo, queda reducido al lamentable rol de la oscura burocracia del Estado o de la policía de las almas a favor del Estado. Ni siquiera puede decirse el sostén del Estado, porque el mismo clero necesita la asistencia de éste para mantener su existencia detestable. La nobleza se confundió en la burguesía conservando sólo del brillo pasado su tradicional memez incurable y sus mezquinas, si bien muy feroces, vanidades ¿Y la burguesía? Era, treinta o cuarenta años atrás, una clase inteligente y poderosa. Pero durante esas decenas de años, vivió o antes menguó tan de prisa que envejeció con varios siglos. Esta heredera, esta hermana menor de todas las clases privilegiadas, se ha vuelto ahora impotente y tonta. Antaño la hermana mayor del pueblo, para valernos de una expresión del señor Gambetta, su director y su jefe natural en las luchas revolucionarias contra el trono y el altar, se ha convertido hoy en día en explotadora sinvergüenza y sin piedad, angustiada no por el remordimiento sino por lo menos por la conciencia instintiva de esta iniquidad que constituye la única base de su existencia actual. Ya perdió fe en la inteligencia, en la justicia, en la libertad, en la humanidad. No se atreve ya a mirar adelante, porque la única cosa que puede ver delante de ella es su condena, es su muerte. No se atreve ya a querer nada, o más bien, nuevo Josué, quisiera detener el andar del mundo… y por desesperación, renunciando a su dignidad, a sus tradiciones liberales, a sus sueños de dominación benefactora, no encuentra otra salvación que la protección brutal de la dictadura militar.

23. Las clases privilegiadas están intelectual y moralmente muertas. Ellas mismas lo proclaman tanto en palabras como en actos. Su próxima muerte política y social no puede dejar de ser la consecuencia necesaria.

¿Qué queda? El pueblo, la masa de los trabajadores: Estas centenas de millones de proletarios desconocidos, seres humanos eternamente sacrificados, desde que existe una historia, van sirviendo de pedestal a todas las civilizaciones del mundo, siendo siempre las víctimas de la historia. Hoy por hoy, en medio de esa podredumbre general, únicamente el pueblo ha quedado intacto y vivo. Es salvaje, es ignorante, sí, pero mantuvo la fe en la vida, porque no sólo no abusó, sino que ni siquiera usó de la vida. Es fuerte, porque el trabajo lo fogueó para todos los cansancios, y lleva en sí toda la moralidad inherente al trabajo. Último esclavo en la escala de las servidumbres humanas, su liberación será la señal de la emancipación del mundo.

¿Qué liberación? ¿Moral? ¿Intelectual? ¿Politica? ¿O económica? Todas a la par sin duda alguna, pero empezando necesariamente por la última porque, como lo dice muy bien el Programa de la Internacional, la supeditación económica es la base real, histórica de todas las otras servidumbres humanas. Por lo tanto la liberación económica debe ser la base de todas las otras emancipaciones populares

Mijaíl Bakunin 4-24 de julio de 1871, Locarno, Suiza.

Agradecemos al compañero Frank Mintz la aportación de este documento al Archivo Miguel Bakunin.

Las cursivas son de Bakunin. Texto inédito en castellano, sacado del CRD del instituto de Historia Social de Amsterdam, traducción de Frank Mintz, marzo de 2008.

_____________________

Notas.

*Esta parte es una digresión de un largo texto nunca traducido al castellano Protestation de l’Alliance de julio de 1871, en el CDR del Instituto de Historia Social de Ámsterdam. Los subrayados son de Bakunin. (Nota del Traductor).

1) No es una cita, sino una síntesis certera del pensamiento de Comte (Nota del Traductor).

2) Bakunin usa la palabra francesa “scarifère”, un neologismo a partir del verbo “escarificar” en el sentido de hacer ligeros cortes para expulsar líquidos y facilitar una cura (Nota del Traductor).

3) Como para Comte, no es una cita, sino una síntesis correcta de las ideas de Mazzini (Nota del Traductor).

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3 comentarios to “Protesta de la Alianza (continuación)*”

  1. Fernando Herrera said

    Excelente. Bakunin aparece como precursor de los consejos obreros. Son estos consejos los que pueden abolir el salariado. Anarco-consejismo. SIC.

  2. Bakunin elabora toda la teoría de los consejos obreros. Anarco-consejismo.

  3. […] Protesta de la Alianza (continuación)* […]

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